Me encanta el ácido de las fresas, el chocolate negro, las cerezas de dos en dos (las que se pueden poner en las orejitas de mi sobrina para que se ría y después se las coma jugando), el pan caliente y crujiente, los helados de cucurucho en un paseo de horas, los bocatas de tortilla en medio del monte o al lado del mar y 'el arroz amarillo' de mi abuela que conservo en la memoria.